Hijos y confinamiento.

Este confinamiento ya se nos está haciendo largo y pesado. Además en muchas familias está afectando a nivel de salud o económico. Por otro lado están las hijas e hijos. Algunos lo llevan mejor que otros, pero para todos el no poder salir de casa les afecta de un modo u otro. Así que aquí van unas cuantas recomendaciones con la idea de ayudaros con vuestra labor de madres y padres en este momento tan complicado para todos.

  • Intenta mantener una rutina sin dejarlo. Al principio del confinamiento todos comenzamos con ella, pero con el paso del tiempo y por la situación, vamos relajándonos y esto hace que nuestros hijos se apunten al carro. Recuerda que la rutina va a hacer que las hijas e hijos no se acomoden y se mantengan activos.
  • La rutina no ha de provocar estrés. Uno de los factores por los que dejamos de cumplir con la rutina es porque es muy exigente, para nosotros y para los hijos. Esta rutina simplemente ha de servir para que haya un orden diario.
  • Sobre todo en esta rutina marca un horario para las tecnologías y para acostarse. Estas son dos de las causas que más problemas están produciendo en la convivencia familiar.
  • Diferencia los días laborables de los fines de semana. O sea hay que ser más flexibles en estos últimos, para no perder la noción del tiempo y para evitar entrar en una dinámica repetitiva.
  • Alarga el tiempo que se está en las comidas y cenas. Con una buena conversación interesante para todos, vas a potenciar la comunicación y la relación familiar. Una de las cosas buenas que tiene el confinamiento es que pasamos más tiempo en familia.
  • Es un buen momento para enseñarles a hacer alguna tarea de casa. En condiciones normales, bien por falta de tiempo o de paciencia, no las aprenden. Hacerse la cama, poner y recoger la mesa o limpiar su dormitorio.
  • Tener una buena dosis de paciencia. Ya que si nosotros no estamos bien, ellos aún lo llevan peor. Sobre todo los adolescentes.

 

  • Si tienes algún tipo de problema de comportamiento de tus hijos o no sabes como actuar en alguna situación concreta, no dudes en ponerte en contacto.

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Educar con el ejemplo es importante.

– Es bueno detectar que conductas no se quieren tener delante de los hijos. Hablarlo con el cónyuge para detectarlas e incluso apuntarlas va a servir para tener presente el no volver a actuar del mismo modo.

– El esforzarse para conseguir algo o bien ser disciplinado con las actitudes, hará que los niños aprendan a incorporarlos en su vida. Es bueno reforzarlos con algún mensaje corto.

– El machismo, racismo o intolerancia es algo que también ven los niños en las conductas de los adultos. Por ello los mensajes que los padres han lanzar a los hijos, por supuesto han de ser de respeto y sobre todo respetando.

– La colaboración por parte de todos los miembros de la familia en las tareas de la casa es fundamental para que los niños vayan adquiriendo responsabilidades, a razón de la edad. Así que mamá y papá han de colaborar en estas por igual y los niños se sumarán a ello.

– Los hábitos en cuanto la salud, también es algo que aprenden los hijos. Si se hace deporte, se cuida la alimentación, se descansa lo suficiente y se les transmite estos hábitos también serán adquiridos por ellos.

– Tratar a las personas adecuadamente, sin gritos, menosprecios o malos modos. A los niños igual. Si se les grita a estos, seguro que responden del mismo modo.

– La actitud ante las cosas y la forma de estar delante de los niños es algo fundamental para que estos se comporten de una forma u otra. La alegría contagia alegría. Si en casa hay un buen ambiente, los niños están más felices y aprenden a transmitirlo a los demás.

Deja que tu hija o hijo se aburran.

– Aunque es bueno que tengan actividades, ya que les ayudan a socializar con otros niños y aprender otras cosas, además de las que aprenden en el colegio. No pueden tener todo el tiempo libre ocupado.

– Limita el horario de videojuegos o juegos en los que no se trabaje la imaginación. Deja tiempo libre sin que tengan nada estructurado.

– Prepara una caja con juguetes como muñecos, coches, piezas de construcciones… para que tenga a mano cuando no tenga otra cosa que hacer. También puedes preparar material para dibujar o hacer manualidades. Siempre teniendo en cuenta la edad y madurez del niño.

– Cuando tu hijo o hija te diga que se aburre, no le facilites ningún entretenimiento. Simplemente habla con él y dile que se busque alguna cosa que hacer o que juegue con alguno de los juguetes o accesorios que tiene en la caja.

– Ten en cuenta la edad del niño. Cuanto más pequeños son, más necesitan de la atención de los padres.

– Ojo a los mensajes que nos lanzan, muchas veces cuando dicen que se aburren están pidiendo que se les deje alguna cosa para hacer en ese momento que a lo mejor no les toca. Por ejemplo el móvil o la consola.

– Recuerda que a través del juego los niños investigan, experimentan y descubren cosas nuevas. Déjales tiempo suficiente para que jueguen. A veces el problema no está en el tipo de juego, sino en que no se les deja el suficiente tiempo.

Le cuesta adaptarse a los cambios.

Consejos para ayudar a tu hija o hijo a adaptarse a los cambios.

– Cada niño reacciona de diferente forma ante los cambios, has de aceptar como lo hace el tuyo. No intentes que todos tus hijos lo hagan de igual modo o bien lo compares con otros niños conocidos.

– Prepara a tu hijo para el cambio. Es importante que no le pille por sorpresa. Díselo con tiempo o incluso puedes ir a comprar con él lo que vas a cambiar o si es un cambio de lugar físico, lo puedes llevar a que vea el nuevo colegio, la nueva casa o la nueva ciudad.

– En cuanto a la reacción del niño cuando se ha producido el cambio, le hemos de dar la importancia justa, nunca hacer como sino pasase nada, y no se ha de reaccionar con presión o regañinas. Es mejor acompañar al hijo en el cambio y tener paciencia. Todo lleva su tiempo.

– Si el cambio ha sido muy brusco, como un cambio de domicilio o ciudad, procurar pasar todo el tiempo posible con el hijo para que este se sienta acompañado en este cambio.

– Apunta a tu hijo a entidades socializadoras, en el caso de cambio de ciudad, para que vaya conociendo a gente de cerca de su entorno. Pero no le presiones para que haga amigos pronto. Todo llegará.

– Si cuando se ha producido un cambio en su vida cambia su forma de comportarse, se ha de entender que es su forma de expresar esa emoción. Puede que se enfade por nada, que no duerma bien, que le cambie el apetito.. en estos casos no enfadarse y sobre todo acompañarle en la gestión de esa emoción.

Mi hijo me pone de los nervios.

Unas cuantas recomendaciones para evitar que los hijos nos saquen de nuestras casillas.

– Fijar unas normas claras, estables y adaptadas a la edad del hijo o hija. Estas normas han de tener una consecuencia por incumplimiento que vuestro hijo ha de saber y si se salta una se aplica esa consecuencia. No tiene que variar en función del estado de animo y mantenerse firme tanto en las normas como en las consecuencias.

– Entender y aceptar a tu hijo. Si es movido, no va a dejar de serlo por que te enfades o bien si reta o le cuesta recoger el cuarto. Esto se corrige con lo dicho en el punto anterior, pero teniendo en cuenta que las normas cambian la forma de comportarse, no la forma de ser.

-No gritar nunca, no menospreciar los comentarios de los hijos ni usar sarcasmo. Esto pasa cuando se pierden los nervios, recuerda que tienes que aprender a gestionar tus emociones. El objetivo como padres es educar a los hijos y con gritos y enfados no se consigue.

– Realiza alguna actividad conjunta con tu hijo, esto ayuda a fortalecer los vínculos entre padres e hijos y facilita la relación.

– Ir padre y madre a la una es fundamental para la estabilidad emocional del hijo o hija y sobre todo para que no lo use para salirse con la suya. Sino es así, el aprovechará la situación y provocará discusiones entre la pareja. Sobre todo apoyarse mutuamente y no desautorizarse delante del niño.

– Valorar lo que hace bien, recuerda que si tu hijo se siente valorado y querido, intentará repetir aquella conducta por la que se le ha reforzado.