Criamos tiranos en potencia.

Insisten en la necesidad de poner normas y límites cuando los niños son pequeños.

Es el conductor del programa de televisión Hermano mayor, conocido por tratar de reconducir a jóvenes con problemas de comportamiento, pero Pedro García Aguado también constituye el 50 % de Aprender a Educar, un proyecto de nueva creación nacido para ayudar a las familias con hijos. La prevención, la detección precoz y la formación en valores positivos son los puntos fuertes de este plan, coliderado por Francisco Castaño Mena, un profesional del ámbito de la educación con muchos años de experiencia.

Pregunta. ¿Cuáles son los objetivos que persiguen?

Francisco Castaño. Creamos este proyecto con el objetivo de ayudar a los padres. Sabemos que ellos educan a sus hijos de la mejor forma que pueden, pero a veces el resultado no es el adecuado, de ahí que necesiten unas pautas.

P. ¿A qué edad se suelen manifestar los problemas de conducta?

F. C. Se manifiestan en la adolescencia, pero aparecen antes, en primaria. Normalmente se derivan de pautas educativas erróneas, como la sobreprotección o el no poner normas y límites. Los niños van ganado terreno y con la eclosión de la adolescencia, los problemas se acentúan.

Pedro García. Los problemas se perciben cuando los niños son pequeños y cuando los padres son incapaces de evitar que se salgan siempre con la suya. Hay patologías desafiantes que provocan que a los chiquillos les cueste aceptar las normas. En la mayoría de los casos, se ve ya desde que son muy pequeños, si van a tener conductas problemáticas.

P. ¿Qué medidas preventivas pueden adoptar los padres?

F. C. Más que hablar de prevención, hay que hablar de una educación adecuada. Hay que poner normas y límites desde que los niños son pequeños. Hay que saber decir no y mantenerlo.

P. ¿A qué puede deberse la proliferación de adolescentes con este tipo de conductas?

F. C. Pienso que detrás puede estar la sensación de culpabilidad que tienen algunos padres que no están con sus hijos el tiempo suficiente y tratan de compensarlos cediendo y diciendo a todo que sí.

P. G. Existe también una dejación de responsabilidades. Se pretende que a los hijos los eduquen en el colegio, mientras los padres permiten que tengan de todo para que no se traumaticen. Criamos a una generación de tiranos en potencia.

P. ¿Tiranos? ¿Es tan grave?

P. G. Desde bebés tiranizamos a las madres con el llanto para que nos den de comer, y al ir creciendo cada uno debería ir valiéndose por sí mismo, pero no fomentamos eso. Vemos casos de personas de 30 años que viven con sus padres y no saben hacer nada, y niños que con 8 o 9 años son unos auténticos tiranos. No son malos hijos, tienen el comportamiento que han aprendido. Cuando unos padres sienten impotencia porque su hijo se sale siempre con la suya, es el momento de actuar. No se puede esperar a que aflore el conflicto, porque será más complicado resolverlo.

P. En principio, ¿todos los problemas tienen solución?

F. C. De partida, no hay conducta que no pueda reconducirse excepto que sea motivada por una psicopatía o una adicción. Nuestro método consiste en reforzar y valorar lo positivo, enseñando a los padres a evitar el conflicto actuando antes, imponiendo consecuencias. Que un adolescente llega tarde a casa, no hay bronca, pero el próximo día se queda en casa y hay que mantenerlo.

Via: lavozdegalicia.es

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Selfis extremos o el postureo que se cree inmortal

La moda de protagonizar hazañas que ponen en peligro la propia vida para colgarlo en redes sociales ha alarmado a educadores y psicólogos.

El número de heridos por retratarse protagonizando “la hazaña más peligrosa” ha despertado las alarmas de educadores y psicólogos, que ven detrás de esta moda de hacerse selfis extremos a unos jóvenes con una alta impulsividad, sin conciencia del riesgo y que en su foro interno se creen inmortales.

Fotos en azoteas de edificios abandonados, junto a las vías del tren, caminando sobre el techo de los vagones se están extendiendo en las redes sociales, en escenarios de Rusia, Estados Unidos, India, Pakistán o Perú, en los que ha habido que lamentar muertes.

Y la moda ha llegado también a España y ya varios jóvenes han resultado heridos de distinta consideración por su deseo compulsivo de autorretratarse con el móvil en alguna escena de este tipo para luego plasmarla en las redes y obtener el mayor número de “me gusta” y comentarios y halagos sobre su “heroicidad”.

Este mismo mes, un joven de 17 años que se hacía fotos con un amigo sobre un tren en la localidad madrileña de Coslada ha resultado herido grave al sufrir una descarga eléctrica y caerse desde uno de los vagones.

Pero, ¿cómo explican los psicólogos estos comportamientos?

Según Juan Castilla, psicólogo clínico, los jóvenes que se realizan estas “fotos autobiográficas no miden realmente las consecuencias de lo que están haciendo” y no lo hacen, entre otros motivos, porque “no tienen desarrollado una parte del cerebro que se llama el lóbulo frontal, que es el que controla el tema del riesgo”.

“Al no tenerlo tan desarrollado como un adulto -hasta los 20 o 25 años no se termina de desarrollar este lóbulo, que es la parte más evolucionada del cerebro- no tienen conciencia real de los peligros”, según el experto.

Pero además, cuando hacen un selfi de este tipo su capacidad de atención se reduce porque su visión se centra en la pantalla, no en el entorno global, y omiten otros estímulos que en algunos casos les podrían salvar la vida, según argumenta el psicólogo.

La pregunta es si este comportamiento esconde algún trastorno psicológico: una persona que hace un uso abusivo del selfi hace también un uso patológico de las nuevas tecnologías, según Castilla.

Alguien que sube más de cuatro “selfies” al día, independientemente del tipo que sean, según Castilla, “tiene un trastorno”, una actitud “impulsiva, compulsiva y adictiva”, que ve reforzada al momento por los ‘likes’ que recibe y le dan la aprobación social que necesita.

Para el psicólogo clínico Sergio García, experto en intervención social, “si una persona se hace una foto haciendo el pino en un rascacielos tiene una alta impulsividad y el principio de realidad alterado“.

Lo tiene porque, según García, “se mueve más por el principio de placer, de la imagen, por el querer aparentar, por estar dentro de un circuito social en el que se siente sometido”. Está más pendiente de agradar a los demás y de conseguir un impacto en ellos que de su propia seguridad y su propia vida.

“Estos nativos digitales están más pendientes de generar un impacto en los otros que de su seguridad porque además no perciben el peligro que se siente de adultos. Se hacen la ‘fotografía perfecta’ para aparentar y competir por ‘me gustas’ porque se ven atraídos por la fama y se quieren convertir en estrellas de las redes sociales”, explica García.

Las personas que abusan de los selfis necesitan controlar su imagen ante los demás, la que ellos quieren proyectar, no la que tienen realmente, y eso, según este psicólogo del gabinete Vallmen, les genera ansiedad.

García cree que es necesario comenzar a realizar campañas de prevención. Él da charlas en colegios e intenta acercarse a los chavales que abusan de las redes, de los “selfies”, que sienten gusto por fotografiarse en situaciones de riesgo e intenta averiguar qué les pasa, cuál es la causa de su malestar y trabaja para ver qué otras cosas pueden hacer menos peligrosas.

 

Via: Heraldo.es