Sobre los amigos de nuestros hijos.

– Cuando los hijos son pequeños, les hemos de enseñar a resolver los conflictos con amigos, no se los hemos de resolver nosotros.

– Los niños son los que tienen que escoger a sus amigos, que en muchas ocasiones no serán los hijos de nuestros amigos.

– En la adolescencia nuestros hijos eligen a los amigos, aunque no nos gusten, no hemos de criticarlos ni de meternos con ellos. En la mayoría de los casos no son un peligro para nuestros hijos.

– Nosotros podemos dar nuestra opinión como padres y entender que a ellos no les guste.

– Se ha de estar preparado para escuchar cosas que no nos gustan, pero hemos de dejar que aprendan por ellos mismos.

– Los adolescentes tienen la necesidad de pertenecer a un grupo, ellos lo eligen y los amigos no suelen ser los culpables de los cambios de nuestros hijos. En vez de juzgar, pensar porque nuestro hijo ha elegido ese grupo. Quizá desde ese punto de vista lo podamos aceptar aunque no nos guste demasiado.

– Solamente debemos actuar cuando consideremos que la relación con los amigos puede resultar peligrosa para los hijos.

Hablar con los hijos sobre la sexualidad

– Hablar con naturalidad siempre de estos temas y adaptar el lenguaje a la edad de los niños. No sentirse avergonzado.

– Hay que llamar a las cosas por su nombre. Usar los nombres pene y vagina es mejor que usar palabras como titi y chuchi.

– No rehusar hablar cuando el niño te pregunte sobre algún tema relacionado con sexualidad. Creerá que es tabú y no lo volverá a preguntar.

– Si el niño o niña hace alguna pregunta, sea cual sea, no se le ha de reprochar o reñir con frases como.. ¿Quien te ha dicho eso? ¡Eso es de marranos! Es mejor contestarle con un tono suave. Esto ayudará a que os siga preguntando.

– Desde el comienzo de la pubertad, entre los 10 y los 11 años en adelante, no se le ha de llevar la contraria en sus creencias. Es más importante lo que les digan sus amigos o lo que han buscado en internet. Como padres se le ha de explicar y darle razones para que quiera escuchar.

– En la adolescencia el discurso no ha de ser prohibir. Se ha de explicar, entender y decir cual es la posición de los padres. Pero sobre todo el mensaje ha de ser: Si tomas la decisión sobre todo que sea voluntaria, tienes que estar seguro o segura y toma medidas de seguridad.

– El preservativo es el método anticonceptivo que además de prevenir embarazos, ayuda a evitar enfermedades de transmisión sexual. Así que aunque haya otros métodos a estas edades es recomendable este, ya que las parejas todavía no tienen una estabilidad ni duración adecuadas.

– Si el hijo o hija os dice que ha tenido relaciones sexuales, no le reprendáis ni montéis en cólera. Si lo hacéis se sentirá mal, si hay algún problema no lo contará y por eso no va a dejar de hacerlo. Lo que necesita es ayuda y comprensión. Decirle lo que opináis y lo que ha de hacer si vuelve a tenerlas. Sobre todo que lo haga porque quiere y no se sientan forzado o forzada.

Pautas para prevenir que los menores de edad no entren en contacto con el alcohol.

– Hay que saber la definición de droga que da la OMS (Organización Mundial de La Salud): -droga es toda aquella sustancia ingerida por el organismo es capaz de alterar una o varias funciones del mismo, alterar nuestro comportamiento y afectar a la toma de decisiones- Por lo tanto hay que considerar el alcohol como una droga según la definición de la OMS.

– Hay que tener claro qué son bebidas alcohólicas: existen dos tipos, fermentadas (vino y cerveza) y destiladas (whisky, vodka, ron, ginebra, etc.) las primeras tienen menos alcohol, las segundas mucho más, pero todas alteran y modifican una o varias funciones de nuestro organismo.

– Para prevenir su uso en edades tempranas hay que dotar a nuestros hijos de la capacidad suficiente para saber decir que no, para ser capaces de soportar la presión del grupo. Esto se consigue fomentando la autoestima y la seguridad en si mismos desde muy pequeños, eso no significa dejarles hacer lo que ellos quieran siempre, todo lo contrario, la autoestima y la seguridad de un hijo se forja encontrando el equilibrio entre poner normas, límites, consecuencias y grandes dosis de cariño.

– Tenemos que informar y poner normas claras al respecto de nuestro posicionamiento en relación al alcohol y a su consumo.

– Hacer cumplir las leyes (hasta que cumplan 18 años la tolerancia ha de ser cero).

– Fomentar otros modelos de diversión donde el alcohol no sea el nexo de unión.

– Estar pendientes de nuestros hijos de con quién va y qué hace cuando sale con sus amigos y cómo vuelve, no qué tipo de trasporte, sino en qué estado físico y mental.

Mi nueva pareja y sus hijos.

– Dar tiempo a los niños para superar el cambio que conlleva la nueva situación. Sobre todo si el cambio es muy brusco, les cuesta adaptarse y se sentirán inseguros.

– Generar un clima familiar adecuado fomentando una buena comunicación. Está bien buscar momentos para estar todos juntos, como las horas de las comidas o cenas para hablar y así ir conociéndose. Esto cohesiona a todos lo miembros de la familia.

– No hablar mal del ex delante de los hijos. No hay que olvidar que este es su padre o su madre y los niños lo verán como una agresión.

– Tener paciencia con los hijos del cónyuge. La confianza de estos cuesta ganársela y aunque a veces se les vea alejados, seguro que con el tiempo se llega a buen término.

– Poner en casa unas tareas, normas y límites claros para todos, sobre todo explicarlos bien a los niños o adolescentes. La pareja lo ha de tener claro y compartirlos y estar de acuerdo ambos. Esto ayuda a que sepan a que atenerse, genera seguridad en ellos y evita conflictos.

– Intentar no hacer diferencias entre los hijos de uno mismo y los hijos de la pareja en cuanto a las tareas y normas. Si en esto se es coherente no se generan celos entre ellos.

– Se ha de tener una actitud conciliadora y amistosa con los hijos del cónyuge. Al inicio solo se debería supervisar lo que hacen y si algo no está funcionando, decírselo a la pareja. Si hay alguna conducta inadecuada que se haya de cortar en el momento se puede controlar.

– En caso de conflictos graves, ha de actuar el progenitor del niño. Si lo hace su pareja, este lo puede ver cómo una agresión y perjudica la relación entre ambos.

– Realizar actividades en común con la nueva familia, favorecerá la unión de esta y mejorará la convivencia.

Normas y límites

En la mayoría de ocasiones los malos comportamientos vienen debido a que los padres se sienten impotentes a la hora de conseguir que los hijos cumplan las normas que hay en casa. Por ejemplo a la hora de dejar el móvil, ponerse a hacer los deberes, la hora de llegar a casa. Si esto no se ataja, puede derivar en verdaderos problemas de conducta. En ese momento es necesario pedir ayuda. Pero como prevención estos consejos pueden ayudaros.

– Los padres no somos colegas de los hijos, somos sus padres y les tenemos que poner normas.

– Las normas no han de variar en función de si el hijo las cumple o no, esto genera. inseguridad en el niño y provocará cambios en su comportamiento.

– Hemos de supervisar el cumplimiento de las normas, si no podemos comprobar si las normas se cumplen o no, no tiene sentido ponerlas. Se las saltarán y eso dará pie a problemas.

– Lo más importante en la educación es el refuerzo positivo. Les hemos de decir a los hijos las cosas que hacen bien, eso ayudará a que las sigan haciendo y les demostramos que estamos pendientes de ellos. Si solo nos fijamos en lo que hacen mal, es probable entrar en un bucle, en el cual, el niño haga cosas mal para llamar la atención. Ya que si las hace bien, no nos fijamos en ellas. La respuesta de muchos padres es “cumple con su obligación” Pero aunque sea así, les hemos de reforzar lo positivo. Pero ¡ojo! Lo obligatorio se refuerza, no se recompensa. Si cumplen con sus cosas, un “Estoy orgulloso de ti” bastará para sacar una sonrisa de aprobación. No les tenemos que comprar, ni pagar nada.