Enseña a valorar el dinero a tus hijos

– Explicar a los hijos el trabajo que realizamos y por el que nos pagan ayudará a que comprendan de donde proviene el dinero.

– No comprarles todo lo que te pidan, aunque te en casa os lo podáis permitir. El día que lo que pidan no lo alcancen no lo entenderán y les generará mucha rabia e incluso puede hacer que sean personas infelices.

– Enseñarles que cosas son necesarias y cuales no, además de que lo primero que han de tener son las necesarias les ayudará a priorizar. Algunos niños le dan más importancia a un juguete que al material escolar.

– Una buena hucha es el mejor método para que aprendan a ahorrar y enseñarles que no todo lo que ahorren lo han de gastar en algo que quieran. Dejar parte para imprevistos es importante para que aprendan a ser previsores.

– Enseñarles el precio de las cosas es fundamental, para ello va bien que en la medida de lo posible se les envíe a hacer alguna pequeña compra como el pan o cualquier otra cosa al supermercado de al lado de casa o también llevarlos a hacer la compra y mirar con ellos los precios de los productos. Elaborar la lista de la compra juntos, comprobando lo que hay en casa y lo que falta, también le servirá para ver qué compráis lo que se necesita.

– Cuando se le haya de comprar algo al hijo o hija, juguete, ropa o cualquier otra cosa, marcarle un presupuesto y ceñirse a él, le enseñará a priorizar en compras o bien aprenderá que solo puede tener lo que se pueda pagar.

– Predica con el ejemplo, tus hijos se fijan en lo que haces y si le estás pidiendo que ahorre o que solo compre lo necesario y tú no lo aplicas, no hay coherencia y tu hijo no lo aprenderá a parte de no entender cómo dices una cosa y haces otra. Recuerda se educa más con lo que se hace, que con lo que se dice.

Cómo mejorar la comunicación con los hijos

– Usa un tono de voz serio, bajo y tranquilo. No debes gritar ni mantener un tono de voz brusco o elevado.

– Mantén el contacto visual con tu hijo mientras hablas. No debes estar haciendo otra cosa cuando le estás comunicando algo.

– Habla con calma. No debemos hablar muy rápido, puede ocurrir que tu hijo no te atienda ni te entienda.

– Muestra con tu postura corporal que estás relajado y predispuesto a atenderle. La postura corporal es muy importante, no debemos mostrar una postura “pasota” ni tensa o agresiva.

– Cuando tu hijo te responda, realiza una escucha activa para atender a sus razones

– Asiente con la cabeza o verbalmente cuando él/ella te hable

– Si sientes que tu enfado es muy grande, es mejor esperar. No debemos descargar con los hijos nuestro enfado. Cuando estamos enfadados no pensamos bien y podemos hacer o decir cosas que nos hagan arrepentirnos después.

– Cuando quieras comentar algo con tu hijo, elige el tema que te preocupa y defíneselo a tu hijo. Como que no ha hecho los deberes, que ha venido tarde, que ha estado con el ordenador mucho tiempo. Sobre todo no hables de varios temas a la vez, cada cosa a su tiempo. Y tampoco se ha de generalizar. Siempre estás con el ordenador en vez de, hoy llevar mucho rato conectado.

– Expresa cómo te hace sentir el problema, si estas enfadada, triste, etc

– Anima a tu hijo para que también exprese su punto de vista y respeta su opinión. Respetar no significa compartir o estar de acuerdo, pero le tenemos que dejar que se explique. No debes adelantarte a lo que va a decir con frases como, “ya se que me vas a decir que…”

– Escucha atentamente, respeta y anima la expresión de emociones en tu hijo. Como entiendo que estés enfadado, yo también estaría. Veo que estás triste por la discusión que has tenido con tu amigo, a mi también me pasaría.

– Recuerda siempre la edad de tu hijo y su capacidad para entender las cosas. Recuerda que ha de comprender todo lo que queramos transmitir.

– No etiquetes a tu hijo, el problema es el suceso, no él. Si lo etiquetas lo asumirá y si tu hijo cree que es un vago, el mismo no será capaz de estudiar porque sabe que es vago. Él no es un vago, el problema es que no se pone a hacer los deberes.

– Prepárate ante la posibilidad de escuchar cosas que no te gusten. Sobre todo si las escuchas, has de tranquilizarte y hablar con tu hijo. No has de cortar la conversación, ni recriminar lo que cuenta. Sino lo que pasará es que con el tiempo, dejará de contarte cosas.

– Muy importante es que entendamos que a nuestros hijos no tienen los mismos gustos o preferencias que nosotros. Nos gustaría que nos contasen como ha ido el colegio o instituto, que han hecho con sus amigos, donde han estado… Pero nos pueden hablar de su juego preferido, de una serie de la televisión… Nosotros siempre hemos de estar dispuestos a hablar con ellos, eso ayuda a tener una comunicación fluida, recordad que nuestras preferencias y las suyas son diferentes y hemos de seguirles la conversación cuando nos hablen de lo que sea importante para ellos. No debes mostrar interés solo cuando coincida con un interés tuyo.

– Busca momentos para poder hablar con tu hijo, las horas de las comidas, cuando vas en el coche… y sobre todo no ocupes estos espacios con distracciones como la tele, ordenador o móviles.

RECOMENDACIONES:

– Antes de decirle algo a tu hijo, piensa durante unos segundos lo que le vas a decir, así conseguirás transmitir el mensaje a tu hijo de una forma más precisa, así lo entenderá mejor.

– Puedes no compartir la opinión de tu hijo, pero eso no te empuja a no escucharla ni entenderla. Escucharos y entenderos os ayudará a mejorar vuestra relación y aumentará la confianza mutua.

– Educar la responsabilidad en tu hijo es muy importante, para mejorar vuestra comunicación os habéis de respetar. No debes insultar, culpar, ridiculizar o lanzar amenazas a tu hijo.

Sobre los amigos de nuestros hijos.

– Cuando los hijos son pequeños, les hemos de enseñar a resolver los conflictos con amigos, no se los hemos de resolver nosotros.

– Los niños son los que tienen que escoger a sus amigos, que en muchas ocasiones no serán los hijos de nuestros amigos.

– En la adolescencia nuestros hijos eligen a los amigos, aunque no nos gusten, no hemos de criticarlos ni de meternos con ellos. En la mayoría de los casos no son un peligro para nuestros hijos.

– Nosotros podemos dar nuestra opinión como padres y entender que a ellos no les guste.

– Se ha de estar preparado para escuchar cosas que no nos gustan, pero hemos de dejar que aprendan por ellos mismos.

– Los adolescentes tienen la necesidad de pertenecer a un grupo, ellos lo eligen y los amigos no suelen ser los culpables de los cambios de nuestros hijos. En vez de juzgar, pensar porque nuestro hijo ha elegido ese grupo. Quizá desde ese punto de vista lo podamos aceptar aunque no nos guste demasiado.

– Solamente debemos actuar cuando consideremos que la relación con los amigos puede resultar peligrosa para los hijos.

Hablar con los hijos sobre la sexualidad

– Hablar con naturalidad siempre de estos temas y adaptar el lenguaje a la edad de los niños. No sentirse avergonzado.

– Hay que llamar a las cosas por su nombre. Usar los nombres pene y vagina es mejor que usar palabras como titi y chuchi.

– No rehusar hablar cuando el niño te pregunte sobre algún tema relacionado con sexualidad. Creerá que es tabú y no lo volverá a preguntar.

– Si el niño o niña hace alguna pregunta, sea cual sea, no se le ha de reprochar o reñir con frases como.. ¿Quien te ha dicho eso? ¡Eso es de marranos! Es mejor contestarle con un tono suave. Esto ayudará a que os siga preguntando.

– Desde el comienzo de la pubertad, entre los 10 y los 11 años en adelante, no se le ha de llevar la contraria en sus creencias. Es más importante lo que les digan sus amigos o lo que han buscado en internet. Como padres se le ha de explicar y darle razones para que quiera escuchar.

– En la adolescencia el discurso no ha de ser prohibir. Se ha de explicar, entender y decir cual es la posición de los padres. Pero sobre todo el mensaje ha de ser: Si tomas la decisión sobre todo que sea voluntaria, tienes que estar seguro o segura y toma medidas de seguridad.

– El preservativo es el método anticonceptivo que además de prevenir embarazos, ayuda a evitar enfermedades de transmisión sexual. Así que aunque haya otros métodos a estas edades es recomendable este, ya que las parejas todavía no tienen una estabilidad ni duración adecuadas.

– Si el hijo o hija os dice que ha tenido relaciones sexuales, no le reprendáis ni montéis en cólera. Si lo hacéis se sentirá mal, si hay algún problema no lo contará y por eso no va a dejar de hacerlo. Lo que necesita es ayuda y comprensión. Decirle lo que opináis y lo que ha de hacer si vuelve a tenerlas. Sobre todo que lo haga porque quiere y no se sientan forzado o forzada.

Pautas para prevenir que los menores de edad no entren en contacto con el alcohol.

– Hay que saber la definición de droga que da la OMS (Organización Mundial de La Salud): -droga es toda aquella sustancia ingerida por el organismo es capaz de alterar una o varias funciones del mismo, alterar nuestro comportamiento y afectar a la toma de decisiones- Por lo tanto hay que considerar el alcohol como una droga según la definición de la OMS.

– Hay que tener claro qué son bebidas alcohólicas: existen dos tipos, fermentadas (vino y cerveza) y destiladas (whisky, vodka, ron, ginebra, etc.) las primeras tienen menos alcohol, las segundas mucho más, pero todas alteran y modifican una o varias funciones de nuestro organismo.

– Para prevenir su uso en edades tempranas hay que dotar a nuestros hijos de la capacidad suficiente para saber decir que no, para ser capaces de soportar la presión del grupo. Esto se consigue fomentando la autoestima y la seguridad en si mismos desde muy pequeños, eso no significa dejarles hacer lo que ellos quieran siempre, todo lo contrario, la autoestima y la seguridad de un hijo se forja encontrando el equilibrio entre poner normas, límites, consecuencias y grandes dosis de cariño.

– Tenemos que informar y poner normas claras al respecto de nuestro posicionamiento en relación al alcohol y a su consumo.

– Hacer cumplir las leyes (hasta que cumplan 18 años la tolerancia ha de ser cero).

– Fomentar otros modelos de diversión donde el alcohol no sea el nexo de unión.

– Estar pendientes de nuestros hijos de con quién va y qué hace cuando sale con sus amigos y cómo vuelve, no qué tipo de trasporte, sino en qué estado físico y mental.